¿Qué está pasando en la mesa? En el momento en que la comida es servida hay una pausa casi religiosa antes de empezar a disfrutarla: los comensales se levantan a medias de sus asientos con smartphone en mano, ésta contorsionándose por alternar los ángulos -algunos muy ingeniosos- en que la cámara capta la comida, y suenan repetidos clics, no uno, ni dos, ni tres. ¿Ya podemos empezar? ¡No! Aún falta checar si las fotografías salieron lo suficientemente apetitosas para poder pegarle un mordisco a la hamburguesa, comenzar a cortar el filete, robar un rollito del sushi o desarmonizar los toppings del ramen. Pasa otro minuto hasta que, después de publicar las mejores fotos, se puede, ahora sí, comenzar a comer. ¿Has estado en alguna situación parecida?

Ya no es para nada extraño el vivir esto a la hora de comer, sobre todo si estamos en algún establecimiento de comida, y es que ahora el llamado “porn food” es una tendencia global. Se trata de aquellas fotografías ridículamente perfectas sobre cualquier comida, la fusión entre la gastronomía y la tecnología, que ya habíamos visto en la fotografía de producto por supuesto, pero ahora pasa a ser algo más personal, casual y común.

Lo mejor de esto es que lo puede hacer cualquiera, la única regla es hacer que aquello a consumir se vea tan exquisito que quién lo vea pueda saborearlo. Y como es algo muy accesible (todos con la maravilla del celular pueden lograrlo) se ha convertido en un elemento importante a la hora de comer. Sin embargo, esta tendencia y esta costumbre, antes dejada solamente para el marketing, es para muchos algo fastidioso.


Sabemos que en esta época, las redes sociales han tomado un papel primordial en el día a día y aunque parezca algo inocente, esta tendencia de fotografiar la comida perfecta trae algunas complicaciones. Primero, el momento de relajación en que debemos comer, para muchos se perturba al utilizar las redes, además de que ese platillo tan atractivo puede engañar a la vista, pues no deja de ser comida que está diseñada para satisfacer a nuestros ojos y no necesariamente a nuestros paladares, lo que nos lleva al tercer punto, el de apetecer degustar una comida por su estética (o sus miles de filtros) y no por su sabor o su valor nutricional.

Aunque, del otro lado, una gran cantidad de personas son fanáticas no solamente de los blogs de comida sino también de fotografiar todo aquello que come, por el simple hecho de que gusta hacerlo.


Ya sea que eres de aquellos que lo vean mal o aquellos que lo hacen, la tendencia del “porn food” y de la comida en redes debería ser algo equilibrado, exactamente como el uso de las redes sociales. La moderación y la prudencia nos hará, como foodies, disfrutar de los momentos de comer, sin interrumpirlos conectándonos a cualquier plataforma o tomando cien fotos de un mismo plato, también moderarnos eliminará cualquier posibilidad de perturbar el hambre de nuestro compañero comensal, ansioso de devorar el plato en cuanto lo pongan en la mesa.

No está mal fotografiar lo que comemos, pero tampoco simplemente devorarlo y gozar de uno de los mejores momentos del día: el de la comida en la mesa.

¿Tú qué opinas? ¿Eres un foodie en extremo?

*Evelyn Medina es estudiante de la Lic. en Literaturas Hispánicas en la UNISON. Ensayista y apasionada a las buenas historias, sobre todo aquellas que se cuentan a través de los sabores. Combina sus lados de literata y foodie en su blog de Instagram @arracheramx. Tambien puedes seguirla como @evemedinag.



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