Diariamente, a eso de las 6 de la mañana, inundo mi casa con el aroma del café recién colado mientras me preparo para mi día. Me tomo unos segundos para admirar ese olor tan conocido y silencio mi mundo en un momento casi sagrado para saborear mi humeante y ultra caliente taza de café con dos de azúcar y un chorrito de leche. De seguro te identificaste pues es la rutina mañanera de muchos amantes de esta bebida, algunos más selectivos que otros, y si esto, esa personalidad tan tiquismiquis te define cuando estás degustando una taza de café, te informo que es probable que en el futuro no puedas ser tan selectivo con tu bebida favorita.

Las noticias sobre el cambio climático parecen ser ignoradas por gran parte de la población sin embargo esto para nada impide que el problema siga avanzando y agravándose. Lo podemos ver en la contingencia ambiental que están viviendo en el centro del país, en donde los niveles de contaminación aumentaron y hubo una ausencia de lluvia. Debido a eso, se prohibieron las actividades al aire libre, incluso se restringió el receso para los alumnos; imagina cuánto nos afecta a nosotros como para tomar esa clase de medidas, ahora piensa en cómo esto afecta a otros seres vivos: las plantas. Sabemos algunas de las consecuencias de estos cambios ambientales pero parece que no las relacionamos con el efecto en nuestra vida o en todo aquello que consumimos, como es con el café, cuyos cultivos están siendo severamente afectados por estos cambios drásticos en nuestro ambiente.

Existen alrededor de 124 especies de café, entre ellas el robusta y el arábigo. Según las investigaciones de Aaron Davis, botánico inglés, cerca del 60% de las variedades de café se encuentran en peligro de extinción; esto sucede porque el cultivo cafetalero de calidad requiere no solamente un suelo propicio, sino un clima específico y unas condiciones de humedad adecuadas en la altitud a la que se cultiva la planta del café.

El café robusta, que representa cerca del 43% de la producción mundial, se cultiva en tierras bajas y secas, haciéndolo más fácil de cuidar y más económico que el arábiga pero también de menor calidad. Por otro lado, los cafetos de arábiga requieren un clima subtropical fresco, pero al mismo tiempo necesita de sol y también de sombra, lo que lo convierte en una planta extremadamente delicada pero que arroja mayor calidad a la industria cafetalera, por lo que un café arábiga será de mayor precio. De este último vienen distintas variedades de café (de diferentes partes del mundo) y suele ser el utilizado en los establecimientos de comida. Estos cambios que están surgiendo en el medioambiente están dañando tanto el cultivo de robusta como el de arábiga: la tierra se vuelve más seca y con menos nutrientes, el sol parece quemar más, las temporadas de calor se alargan y hay una tremenda ausencia de lluvia. Todo esto hace que el cafeto madure más pronto, lo que le resta calidad a sus granos; si esta situación se agrava se daría un aumento exorbitante del precio de la bebida y dejarían de existir la mayoría de las variedades de café que conocemos.

No queda más que esperar lo mejor y empezar a tomar medidas para cuidar nuestro planeta; espero que el imaginar la vida sin el disfrute de un buen café sea también un buen motivo para que todos nos sumemos al movimiento de ayuda a la tierra.

*Evelyn Medina es estudiante de la Lic. en Literaturas Hispánicas en la UNISON. Ensayista y apasionada a las buenas historias, sobre todo aquellas que se cuentan a través de los sabores. Combina sus lados de literata y foodie en su blog de Instagram @arracheramx. Tambien puedes seguirla como @evemedinag.


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