Siempre pasa lo mismo. Llega la hora de salir pero recién te estás vistiendo. O hay un detalle más del que ocuparse, o no encuentras las llaves o el teléfono… Pero te levantaste cuando sonó el despertador y pensaste que llegabas bien. Los minutos perdidos se van sumando y solo hay tiempo para tomar el colectivo y mandar un mensaje con alguna excusa para no enfrentar la realidad: eres impuntual.

Hábito frustrante para quienes lo sufren o manía recurrente para los demás, la impuntualidad revela características de personalidad. Los investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard se dedicaron al tema y el resultado es categórico: no solo los impuntuales viven más, sino que son más felices.

Como el estrés tiene un impacto negativo sobre la salud, las personas impuntuales sufren menos “la presión, están menos preocupados por los deadlines y son más relajados”. Y esto se explica además físicamente: “Su presión arterial es más baja, tienen menos riesgo de ataque cardíaco y una mejor salud cardiovascular”. La tasa de depresión también sería menos elevada, lo que contribuiría a una vida más larga.

Llegar tarde: ¿la clave del éxito?

En su libro “Never Late Again”, Diana DeLonzon descubre dos factores: las personas impuntuales tienen una tendencia a ser “optimistas y poco realistas”. Por eso, se convencen de poder hacer todo en un tiempo muy corto sin darse cuenta de las limitaciones. El hecho de ser optimistas prevalece, incluso cuando el tiempo y los hechos les demuestran que es muy difícil llegar a hacer todo. Los investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard precisan: “Los estudios muestran que una actitud optimista hacia la vida predice más salud y una tasa de mortalidad más baja”.

Además, hallaron una correlación entre el retraso y la perfección. Así, quienes llegan tarde a todas partes suelen ser más perfeccionistas que la media. Apasionados, tardan más para realizar sus tareas porque la noción temporal es diferente a la del resto de la gente. Para demostrarlo, los investigadores analizaron la noción de tiempo en dos grupos de personas. El grupo A -ambiciosos y organizados- y el grupo B -relajados y creativos. Iniciaron un cronómetro de un minuto sin indicar su duración. Al final, les preguntaron a ambos grupos cuánto tiempo había pasado. El estudio mostró que el grupo A respondió un promedio de 58 segundos mientras que el B indicó un promedio de 77. Así que ya sabes: llegar tarde no es intencional.

Revista Elle.com


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