Mientras la oposición se encuentra extraviada en un caldo de rencores, cegueras de su anemia, nostalgia de tiempos políticos en donde podía maniobrar con su dinámica conservadora, castración creativa porque requiere de un discurso que piden los tiempos de legitimidad y simplemente no se atreve a convocarlo, el gobierno federal se adelanta con una acción ejecutiva demoledora. Digo demoledora porque tiene una doble función, demoler el régimen del control político y financiero de la información y ensayar el principio de una acción comunicativa que va a ser muy compleja. Primero, para afianzar la transición a un comportamiento democrático en términos de comunicación pero, al mismo tiempo, forcejear con las costumbres de entender y practicar el tráfico de información. No es nada fácil ensayar la imposición de un orden complejo de comunicación y al mismo tiempo luchar a las vencidas contra un aparato aún vigente que visiblemente renuncia a transitar y cuyo poder estriba en dinero y la presión que se logra con ello.


Primero hay que recordar la situación del control de información por parte del gobierno federal con el apoyo irrestricto de la mayoría de los medios de comunicación. Siempre hay que tener en cuenta el proceso que ha vivido la información pública en el país para medir la situación de ahora, la referencialidad es muy importante para hacer consideraciones analíticas fértiles.


Definitivamente se dominaba con la persuasión de la fuerza y el sometimiento. Si nos fijamos como horizonte anterior el movimiento del 68 podemos afirmar que la información estaba policialmente resguardada a las necesidades del partido de Estado, el PRI. Las verdades oficiales prevalecían ante las informaciones de pequeñas empresas o periodistas de calidad que estaban casi en calidad clandestina, y sujetas a la persecución de la policía política.


Esta poderosísima estructura de administración de la información estaba hecha de una aleación, que la hacía mucho más poderosa, de empresas de entretenimiento como Telesistema Mexicano, hoy Televisa, que manejaban en su barra los noticieros; asimismo, con las empresas periodísticas que difundían de acuerdo a las sugerencias tácitas o explícitas del partido de Estado. Cadenas de periódicos a nivel federal y con resonancias locales.Para ello hay que recordar que incluso se controlaba a los periódicos incluso con la dotación de papel periódico.


Como decía un diario, Expansión allá por 2011 cuando se puso a la venta la paraestatal, “Considerada por varias décadas como la “espada -de Damocles” del periodismo mexicano, la paraestatal mexicana Productora e -Importadora de Papel (PIPSA), el -otrora candado de la libertad de expresión en México es, actualmente, una -entidad que ya no despierta mucho interés entre sus potenciales compradores”. Cierto, era un candado. O coperas o no hay papel. Y eso apenas tiene ocho años. Después vendría otro tipo de persuasión como fue el estar dentro de los planes presupuestales para dotar de publicidad a los medios de información. Es necesario recuperar la historia del financiamiento de fondo a los medios mediante los contratos publicitarios. Por ejemplo: De 2013 a 2016, la administración de Enrique Peña Nieto, que gastó 36 mil 261 millones de pesos en publicidad oficial.


Un botón mínimo para ustedes que obviamente no es una suma total: Un Informe sobre el Gasto en Campañas y Difusión de Mensajes sobre Programas y Actividades Gubernamentales en tiempos, nada más de Peña Nieto, nada más: Las dependencias que derrocharon más dinero en publicidad oficial, principalmente en televisión fueron: la SEP (502 millones de pesos a Televisa y 309 millones a TV Azteca); la Sedesa (149.9 millones de pesos a Televisa y 101.8 millones a Televisión Azteca); la SCT (15 millones a Televisa y 10 millones a Estudios Azteca), la Semarnat (60 millones a Televisa y 55 a Televisión Azteca); la Oficina de la Presidencia (31.6 millones a Estudios Churubusco Azteca para sus mensajes a la ciudadanía y del Quinto Informe de Gobierno), y la Sedesol (19.7 millones también a Estudios Churubusco Azteca).


Pues sí, muchos de los periodistas ahí formados, empresas aún poderosas que se beneficiaron monumentalmente de los favores de gobierno, y que amasaron fortuna y poder, son ahora fervientes adversarios del gobierno federal que no logran las confianzas más que en su entorno. Por ello ahora se observa una enorme inyección de dinero para el control y deformación informativa en las redes sociales que pretenden contrarrestar las individualidades y legitimidades expresivas de usuarios reales de redes. Va a doler mucho y aumentará la presión desde medios conservadores que se desnudan a sí mismos fácilmente porque el medio sigue siendo el mensaje. Va a doler esta decisión: “De acuerdo a nuestra propuesta de austeridad, se disminuye el gasto de publicidad en un 50 por ciento en comparación a lo que se ejercía anteriormente”, sentenció el Presidentede la República. Estaremos atentos y el tema no acaba.


“La mejor comunicación Social de un gobierno es la que está en la cocina de un hogar. “ OctavioAlmada

@octavioalmada1

@ElCobanaro


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