Lo racional, que durante muchos años ha sido el planteamiento social y político más utilizado en todos los procesos de comunicación, sean individuales o colectivos, ha sido relegado por lo emocional, por todo aquello que provoca una reacción psicofisiológica, activando el stock personal de comportamientos e influencias ya innatas, ya adquiridas.

Es verdad que hasta hace pocos años el coeficiente intelectual (C.I.) era el único indicador que se utilizaba tanto a la hora de seleccionar a los colaboradores como en los momentos de emitir juicio crítico sobre las personas. Cuando a principios de los 90 surgen con fuerza los criterios de la inteligencia emocional, el C.I. se complementa con el coeficiente emocional (C.E.), que desde entonces no ha parado de robarle espacio hasta dejar reducido el C.I. a un valor equiparable al 20% respecto a los factores determinantes del éxito.

Lights of ideas

Si definiéramos la inteligencia emocional de una manera “casera” diríamos que es la capacidad personal e intransferible de sentir, entender, conocer y gestionar nuestros estados emocionales, influyendo también en el de los demás. De Daniel Goleman a Bonano se ha desarrollado la inteligencia emocional hasta límites impensables hace 20 años.

Pero como la teoría debe ser demostrada en la práctica, quisiera destacar algunos momentos en los que lo emocional se ha impuesto sobre el resto de los conceptos o percepciones. El ejemplo emblemático lo encontramos en las primeras elecciones en las que Barack Obama llegó a la Casa Blanca. En sus propias palabras “He ganado porque he hablado de corazón a corazón”. Emocionó al electorado porque fue capaz de transmitir sus propias emociones. A nivel menos mediático la madre Teresa o el último emperador de China, también son considerados como paradigmas del triunfo emocional. Otros ejemplos nos conducen hacia el pensamiento positivo o a comportamientos colectivos, dos temas cada día de mayor actualidad.

Daniel Barenboim indicaba que “lo único capaz de unir lo racional con lo emocional y lo físico con lo espiritual es la música”. Jetsun Jamphel, Dalai Lama, apasionado por el funcionamiento de los relojes, de los automóviles y de los telescopios giró radicalmente al determinar que la religiosidad era fundamentalmente una emoción y que las emociones son iguales en los hombres. Nació aquí su teoría del diálogo interreligioso que tanto eco tuvo en el pontificado de Pablo VI.

Es verdad que el mundo se mueve por lo emocional. Los medios de comunicación lo saben bien, como también lo saben la publicidad, el marketing y las técnicas de branding, los creadores de moda y tendencias. Sin embargo también está demostrado que vivir permanentemente emocionado conduce al estrés y a la falta de identidad. Una vez más, en el equilibrio está la mejor garantía de la salud física y mental.


fuente: eoi.es


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