Incertidumbre, congoja y una impotencia sin nombre son la carga de los familiares de personas desaparecidas. Vivos hasta que se demuestre lo contrario, y mientras, la duda se mantiene con su velo esperanzador hasta que algún registro forense, por lo general, viene a ponerle fin. México lindo y querido, país mágico donde la gente corre alto riesgo de desaparecer como por encantamiento.

El estatus de desaparecido es un amplio y ambiguo limbo que abarca casos de distintas índoles, con causas bien distintas. Existen “desaparecidos” por voluntad propia, gente que abandona su casa y familia, y que deliberadamente se incomunica, pero este tipo casos se mezclan con aquellos que son obra del Estado y del crimen organizado.

En México se estima la cantidad de 40 mil personas desparecidas actualmente, y cabe aclarar que es una cifra oficial, por lo tanto, es aproximativa. Con un poco de reflexión cualquiera puede inferir que la cantidad debe ser mayor ¿Cuántos casos no han sido denunciados o registrados de forma legal? ¿Cuántos desaparecidos no tienen quien los reclame? Una nota de El Universal menciona que en promedio 7 personas desaparecen en nuestro país todos los días. Sin embargo hay casos excepcionales ¿Cómo olvidar que el 27 de septiembre del 2014, 43 estudiantes se esfumaron de la Tierra en Iguala?

Emplear el adjetivo extraviado como sinónimo de desaparecido es un error. Habría que ser demasiado inocente como para pensar que la gente sale de su casa, no encuentra el camino de vuelta y se pierde. Eso de extraviarse sin más ni más solo es posible en personas con algún padecimiento mental, en seniles y en las presas vulnerables y preciadas que son los niños. Hablemos sin pelos en la lengua, en México las desapariciones son forzadas.

De la jerga del narco viene la palabra “levantón” con la que coloquialmente nos referimos a esta práctica. Los cárteles del tráfico de drogas han hecho prácticamente una industria en su beneficio con la desaparición de hombres y mujeres. ¿Qué pasa con aquellas víctimas que no ejecutan y con las que no extorsionan?

A este respecto, ciertos testimonios esclarecen el destino de los desaparecidos que están vivos. A mediados de febrero se publicó un reportaje que trata de un joven que fue raptado en Guadalajara por el cártel Jalisco Nueva Generación y fue declarado como desaparecido hasta que logró escapar y contar su experiencia con el fin de intentar salvar a sus compañeros en cautividad.

En el relato del superviviente se narra cómo operan los cárteles para enganchar personas mediante ofertas de empleo en internet para luego privarlos de su libertad y mantenerlos en condiciones de esclavitud, entrenándolos como sicarios, o bien, trabajando en cultivos de marihuana y laboratorios de drogas.

El reportaje es un fuerte testimonio de la realidad que viven las personas que son víctimas de un levantón y sobreviven engrosando la mano de obra del narcotráfico. Obliga a pensar en cuántas personas habrá en estos momentos viviendo esas circunstancias en todo el país.

No solo los traficantes de drogas son responsables de este grave problema seguridad, también un papel importante juegan la policía estatal y municipal, el Ejército y la Marina, instituciones que cuentan con un indignante expediente teñido de roja impunidad.

Como una muestra de esto, la revista PERSEO dio a conocer el informe de Human Rights Watch, que documenta más de 140 casos de privación de la libertad y desaparición forzada, en los que se tiene evidencia contundente de que elementos de las distintas fuerzas de seguridad participaron directa e indirectamente; no obstante todo ha quedado solo en papel.

Devorados por la tierra, borrados por el fuego, con ríos y mares por tumbas, estos son algunos de los destinos de los hombres y mujeres desaparecidos en México. No se puede evitar el tono mordaz frente a este problema, al menos en cuanto a opinar se refiere, uno debe rehuir del modelo laxo que nos ofrecen nuestras autoridades.


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