Hay costumbres que parecen totalmente faltas de seso. Una de ellas ya arraigada en el estrato mediático es el consabido examen de los 100 días de gobierno. En cien días se debe mostrar el carácter y naturaleza de lo que será un gobierno, sea estatal o federal.

Los científicos que necesitan mediciones con seriedad saben que una medición, si se quiere realmente “medir”, es considerar tiempos, estados de la materia, temperaturas de los procesos, calidades de los mismos, agentes que participan en las mediciones; muchos elementos intervienen en una medición razonada. Ah ¡¡¡¡¡, pero cuando se trata de política, de las presiones mediáticas y opositoras en realidad se trata de destruir cualquier intento de cientificidad ya sea social o política. Aquí les vale sorbete los criterios de validez o la cuestión de la verdad.


Ya en la prensa hemos visto inmensas estupideces sobre el monto de las mediciones. Obviamente hay que descartar a la oposición en México porque en su berrinche autodestructivo y de nulidad de alta política o en su ensimismamiento anti AMLO pues lo que obtendremos son reprobaciones absolutas y patéticas. Estamos en un momento de oposiciones vanas y amargadas.


Cien días para medir un gobierno estatal es lo mismo que uno federal? Cien para medir una presidencia bipartidista como PRI y PAN que sólo se trataba de transitar a lo mismo y reforzar los mecanismos de corrupción, despojo o pérdida de la soberanía? Cien para medir si un país de casi ciento treinta millones de personas, atascado en corrupción, inseguridad, desigualdad social abismal, impunidad ya cambió?Cien para medir un reforzamiento de sistema económico político y social o para medir un sistema en franca transición que está fracturando inmensas moles de desidia, instituciones saqueadas, comportamientos criminales instalados en las cúpulas del poder económico un abandono de campo, salud, trabajo y seguridad? No, no puede haber medición en una dimensión política de transición porque no hay referentes con qué contrastarlos. Lo que más veremos son remedos de mediciones, números pagados, plumillas de políticos resentidos, rabias contenidas. Qué hace un ciudadano que realmente desea tener una consideración de los primeros cien días de la Presidencia de AMLO?


Estamos dentro de un periodo de excepción, en una situación extraordinaria en el cual un grupo de mexicanos en el gobierno federal, apoyado por millones se enfrenta a una inmensa estructura decadente y de miseria espiritual, de flagrantes actitudes criminales. También se enfrenta a esos poderes económicos de extracción internacional que ya están sacando las garras y que evalúan comportamientos con aprecio a los procesos de corrupción. Imaginen que las calificadoras nunca abrieron boca para decir nada contra la corrupción. México estaba bien. Ahora no, porque el ataque a la corrupción eminentemente afecta a un mercado internacional de origen y naturaleza corrupta. La corrupción sí es un factor a evaluar en un mercado en donde sólo importa el dinero, haiga sido como haiga sido.


Estamos en un periodo de grandes colisiones, de sismos políticos, de guerra sorda, de grotescas crueldades que está tratando de frenar la transición por todos los medios. Y eso se concentra en un pequeño grupo de personas en el gobierno federal y en la responsabilidad de una sola persona. Una.


No quiero impresionar con números de conferencias y reuniones y recorridos a los estados: quiero tocar la fibra de la transición, el corazón que se confronta con delincuentes de alto calado, con intereses carroñeros, ávidos de acumulación inhumana. Muchos lo sabemos. Quiero que se considere esta dimensión de romper procesos culturales, de demoler estructuras de saqueo en donde participan cientos en un sistema de robo y demás delitos que conlleven al silencio y a la ceguera; de quebrar paradigmas de actuación política y además de bajar programas sociales de un presupuesto usado para el delito y no para la estabilidad de un gobierno.


En este periodo se han concentrado energías de trabajo que simplemente no se conocían en el país; incluso se han superpuesto tiempos para poder combatir delincuencia, hacer reingeniería institucional; diseñar y aplicar programas sociales; vencer las resistencias de quienes ven la vida corrupta como un derecho y aparte llevar la batuta en la agenda política del país. Hay mucho resentimiento y muy peligroso. No es posible una medición en donde no hay referente de tiempo y espacio. No hay sistema para medir la guerra y el empeño contra AMLO desde muchas esferas de poder económico, de crimen organizado, de frustraciones rabiosas. No son cien días, esto es un conglomerado de presente, pasado y futuro. Estamos en una vorágine, en un salto cualitativo. Para eso hay numerología política? No, para eso falta racionalidad de saberse en un periodo histórico de ruptura de una rancia cultura política. Es una fortuna vivir una revolución de paradigmas.


“La mejor medición es la que está en la cocina de cada hogar “ Octavio Almada


@octavioalmada1

@ElCobanaro


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