Es indiscutible que Andrés Manuel López Obrador es un fenómeno de la vida pública de este país. Durante 12 años no cejó en su aspiración presidencial. En su primera derrota, la de 2006, argumentó que le robaron el triunfo, la protesta fue violenta y alteró todo en la Capital del País. Seis años más tarde tampoco triunfó culpando a “la mafia en el poder” y se lanzó a recorrer ciudades, pueblos, rancherías y llegó a lugares nunca visitados por políticos y menos por funcionarios.

“La Tercera es la Vencida”, fue uno de sus lemas en la campaña político electoral del 2018. Nunca alardeó que sacaría al PRI de Los Pinos. Fue directo con su principal bandera: acabar con la corrupción y con la impunidad. Se mostró más sereno, parecía tener espíritu conciliador. Supo manejar a las muchedumbres, perfilándose a la victoria con la habilidad extraodinaria de un político que nunca ha negado su inicio en las filas del priismo, del cual se sale al ser desbancado de la presidencia estatal partidista, en Tabasco.

López Obrador trabajó incansablemente y presentó sus promesas, mismas que reiteró desde el 3 de julio, horas después de revelarse que ¡treinta millones de votos lo llevarían a la Presidencia de la República. Victoria innegable. Ninguno de sus 14 antecesores obtuvo un 52 por ciento del padrón electoral y tampoco el alto índice de popularidad. Los “tres grandes” (PRI, PAN y PRD) quedaron borrados y es el día en que no levantan cabeza, los seguidores del ganador los ningunean, especialmente los diputados federales, cuyo coordinador jamás volverá a contradecir las órdenes de su jefe, el tabasqueño, que lo apabulló por no “sacar” limpia la creación de la Guardia Nacional.

Bueno, pero comento que López Obrador es un fenómeno en la política del presente Siglo XXI en un país donde la inseguridad sigue como el problema número uno, donde los dirigentes seccionales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la fatídica CNTE, mantienen su política chantajista contra el gobierno federal, donde los integrantes de su primer equipo, los del gabinete presidencial, solamente hablan cuando el Señor Presidente lo ordena y los planes expuestos verbalmente, por el propio Presidente de México, se ponen en marcha con o sin programa, con o sin presupuesto.

Entonces, ¿por qué la popularidad del Presidente frisa ya en un 81 por ciento? Por una razón muy simple, le está pegando a todos los que estuvieron los últimos cinco sexenios. En sus conferencias mañaneras son exhibidos los hoy exfuncionarios, partiendo desde aquel tenebroso José María Córdoba Montoya, el hombre del salinismo que hizo y deshizo. La gente lo aplaude a rabiar, porque el pueblo se cansó de los abusivos y corruptos sujetos que tuvieron poder. En el caso de la denuncia por lo supuestamente ocurrido en la Comisión Federal de Electricidad, López Obrador demostró mucho colmillo, puso a Manuel Bartlett Díaz como el guillotinador y después, en su conferencia mañanera, Andrés Manuel exculpó a los señalados por el hombre al que en 1988 “se le cayó el sistema” cuando contabilizaban el resultado de las elecciones presidenciales.

La gente, el pueblo, está demostrando su alegría por la forma de actuar del Presidente López Obrador que no quiere guaruras, que viaja en líneas comerciales, que se mezcla con la gente y que con su lenguaje coloquial, cuando quiere, se gana más a la gente como lo vimos en su visita a Bariraguato, Sinaloa, donde nació Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, el único mexicano que figura en los muros del Museo de la Mafia, en Las Vegas, en la Ciudad del Pecado.

A esos mismos seguidores del lópezobradorismo les son indiferentes las acciones, los comentarios y los ataques que se produzcan por la cancelación del nuevo aeropuerto, por el cierre de cientos de estancias infantiles. Están a favor de todo lo que haga el tabasqueño para colocar a las personas que él quiere, aun violando mandatos constitucionales o reglamentos, documentos que se reforman para quedar a modo. Si hay o no soluciones integrales a los problemas que se confrontan en todo el territorio, argumentan, esos seguidores, que hay que esperar a que se acomoden bien todos los funcionarios y aprendan su trabajo.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿Requerirá el Presidente López Obrador el referéndum, dentro de tres años, como lo ha manifestado, para saber si sigue no en el poder?

jherrerav@live.com.mx


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