A finales de la década de 1970 toda la juventud europea se lanzó a las pistas de baile para contonearse con los ritmos de las canciones de música pop de un grupo llamado Boney M. En realidad se trató de un trabajo de músicos de estudio ideado por el productor musical alemán Frank Faria. El invento, casi de laboratorio, alcanzó un éxito tal que Faria se vio en la obligación de encarnar aquellas simpáticas e intrascendentes melodías. Para ello contrató a tres mujeres y a un hombre, todos caribeños, ellas dotadas de voces esplendorosas, él que no cantaba pero que se movía con la espectacularidad de un contorsionista. Vendieron millones de discos, realizaron giras por el mundo entero y, unos años después, el furor se fue apagando y el pseudogrupo fue disuelto. Ya desde la nada, el falso solista saltimbanqui sufrió en un hotel de San Petersburgo un infarto al que no sobrevivió. Tras tantas horas de espectáculos televisados incluidos las galas emitidas por importantes cadenas durante la Nochevieja, la mayoría de las televisiones europeas no dedicaron ni treinta segundo a su recuerdo. Una de las canciones más conocidas y alegres de las que popularizó Bonny M se llamó Sunny, que en español significa Soleado y que está dedicada a la reconfortante luz y al calor que proporciona el sol. En aquella época yo era una adolescente y no tenía la menor idea de que Sunny era una canción mucho más antigua y que en ella se escondía una historia impresionante, un verdadero crisol de la naturaleza humana. Nada me podía llevar a conocerlo, ¿qué decía su letra recitada en un inglés absolutamente abierto, casi para principiantes?: «Soleado, ayer mi vida se llenó de lluvia/sol, que me sonrió y realmente cambió mi dolor/los días oscuros se han ido, y los días brillantes están aquí/mi sol brilla tan sincero/un sol tan verdadero, te quiero ». ¿Realmente no era una coplilla perfecta para iniciarse en las primeras sesiones de baile en las discotecas de Mallorca durante el larguísimo verano de una quinceañera? (1)

Bobby Hebb era un joven músico negro de apenas 25 años de edad que había aprendido a tocar la guitarra gracias a las enseñanzas de sus padres, un matrimonio ciego que vivía con sus hijos en la ciudad de Nashville, Tennesse, Estados unidos. A Bobby le gustaba cantar y tocar la guitarra. A Harold, su hermano mayor, le gustaba la política y era un conocido activista local de los Derechos Humanos de la comunidad afroamericana. El 23 de noviembre de 1963, día después del asesinato de John F. Kennedy, único católico que hasta la fecha ha alcanzado la presidencia de su país, Harold Hebb, a quien todos llamaban Hal, fue apuñalado en la puerta de un club de Nashville. En medio de la conmoción y del dolor que significó el crimen de Kennedy, el asesinato de Harold Hebb no tuvo repercusión alguna. Muy poco tiempo después, Bobby, pensando en su hermano muerto y enterrado en medio del silencio de una helada tarde de finales de noviembre, durante los días con menos luz del sol, compuso Sunny. «Soleado, gracias por el ramo de sol/gracias por el amor que brindaste a mi manera/tú me diste todo, todo de ti/ahora me siento a diez pies de altura/mi sol tan sincero, te quiero». En el año 2000, la Organización de Derechos de Autor (BMI), situó a Sunny en el número 25 de las 100 canciones más reproducidas de la Historia. Y en el número uno de las más versionadas de toda la música pop. Bobby Hebb no volvió a alcanzar el éxito y murió en 2010 a los 72 años de edad. (2)

Antes de de ser conocido como el príncipe de Motown y como el príncipe del soul, Marvin Gaye se llamaba Marvin Pentz Gay. Hijo de un predicador de una congregación ultraconservadora conocida con La Casa de Dios, Marvin vivió una infancia y primera juventud muy tormentosa debido a los estrictos códigos de conducta impuestos por el cabeza de familia a todos sus miembros. Fue un niño alto y delgado. Fue un joven alto, delgado y con una voz de tenor tan clara como la luz de la mañana de un día de sol. Al niño y al joven Marvin le gustaban dos cosas por encima de todas las demás y en ambas destacó desde el principio: el atletismo y cantar. Al alcanzar la pubertad tuvo que abandonar el deporte a causa de una exigencia paterna. Siguió teniendo permiso para cantar siempre y cuando lo hiciera exclusivamente en el coro de la iglesia que dirigía su progenitor. Un día Marvin se cansó pelear marchándose de la casa familiar en Washington D.C, y se cambió el apellido añadiéndole una e final. En 1966, cuando tenía 25 años, la misma edad de Bobby Hebb cuando compuso el tema, Gaye grabó una versión de Sunny que para muchos es la mejor de las cientos de adaptaciones de esta canción. «Soleado gracias por la verdad que me dejaste ver/sol, gracias por todo lo que vivimos de la A a la Z/mi vida se derrumbó como una duna de arena por el viento/y una roca se formó cuando nos cogimos de las manos/oh sol tan sincero, te quiero». Por aquella época interpretó una serie de duetos con la cantante Tammi Tarell que muchos aficionado al soul consideran una de las cimas de oro de la música estadounidense del siglo XX. La fama del dúo formado por Marvin y por Tammi fue de tal calibre que se vieron obligados a desmentir públicamente que entre ellos existiera algo más que una amistad con gran alivio por parte de decenas de miles de admiradoras y de admiradores. En 1967, durante un concierto, Tammi Tarell, que llevaba años sufriendo severas migrañas, se desmayó sobre el escenario, Marvin Gaye era la persona que estaba más próxima a ella y, en consecuencia, quien la recogió. Fue trasladada en ambulancia hasta un hospital donde le diagnosticaron un tumor cerebral maligno del que murió, muy deteriorada física y mentalmente, tres años después, apenas cumplidos los veinticuatro. Marvin Gaye quedó devastado y, pese a que el éxito le acompaño durante un tiempo incluso alcanzando varios números uno de ventas como cantante solista, algunos divorcios, su adicción a las drogas y larguísimos pleitos con el gobierno a causa de impagos fiscales, acabaron por menoscabar su salud y su aura de triunfador. Atravesando una crisis depresiva, dejó su casa de Hawái en la que vivía desde hacía bastante tiempo y volvió hogar de la familia en busca de refugio y con el propósito de someterse a una terapia de desintoxicación. Muy pocos días después de la vuelta al nido, en la víspera de su 45 cumpleaños, durante una nueva pelea con el padre, el predicador sacó la pistola que guardaba en un cajón y descargó dos disparos sobre el cuerpo esbelto y maltrecho de su hijo asesinándole. El tribunal que juzgó el caso sentenció la absolución del sermoneador y pistolero aduciendo defensa propia y diferencias irreconciliables. «Sol, gracias por esa sonrisa en tu rostro/soleado, gracias por el brillo que muestra tu gracia/ tú eres mi chispa del fuego de la naturaleza/tú eres mi más dulce y completo deseo/soleado, tan verdadero, te quiero». (3)

En el año 335, el Papa Julio I dictaminó que el nacimiento de Jesús, cuya fecha se desconocía y todavía sigue sin saberse a ciencia cierta, fuera celebrado el 25 de diciembre ya que en el calendario Juliano, el introducido por Julio César 46 años antes del nacimiento de Cristo, ese era el día elegido para festejar Deus Sol Invictus, es decir El Invencible Dios Sol, un remotísimo mito pagano que festejaba el renacimiento de la luz, la inauguración de un nuevo ciclo de la vida. Es poco frecuente que las personas sean tal y como se muestran. Hay que saber mirar muy hondo, y sin pestañeos, para intuir una mente o un espíritu. Es aún menos habitual que las cosas sean tal como aparentan porque la apariencia de las cosas está siempre distorsionada por la subjetividad de nuestro pensar. Y es todavía más raro que los hechos, aquello que acontece, se haya producido de acuerdo al relato que de ello tenemos porque cualquier narración es interesada, bien o malintencionadamente, obedece a un interés supeditado al afán de convencer, de forzar la manipulación del criterio del otro o de los otros. Huyamos en esta ocasión de esa obsesión universal de los humanos para dejar constancia, en vísperas de otra Navidad, de otra celebración del regreso de la luz, que en este 2018 que estamos a punto de despedir, el colectivo más numeroso de las personas que han sufrido persecución por su fe, es el cristiano, siendo ya más de tres mil los asesinados por seguir el Evangelio, casi el doble de los masacrados el pasado año por la misma causa. Recuérdenlo especialmente en estos días en que los corazones suelen estar más inclinados a dejarse traspasar por la compasión o por la incipiente luz del sol.

(1) https://www.youtube.com/watch?v=S-u6qdeaPoE

(2) https://www.youtube.com/watch?v=o3ZdVc8V_Ss

(3) https://www.youtube.com/watch?v=UOS_Dcq6z1c


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