Hoy en día, y quizá más que nunca, los llamados y llamadas intelectuales deben plantarse de lleno en el mundo real, con los problemas reales y de la forma más accesible. El halo de hermetismo y abstracción viene a mal, si tal maldición los corona, pero su luz debe dirigir cual faro en tempestad, especialmente en nuestra era que altivamente llamamos la era de la información.

Se ensalza nuestro presente por la inagotable fuente de saberes e información que se puede encontrar mediante el internet y el bombardeo del resto de los medios, sin embargo ocurre una paradoja; el torrente de información y aportaciones veraces corren el albur de perderse entre el torrente de información apócrifa. (Herbert Marcuse resuena aquí).

El intelectual a semejanza del periodista debe ser un agente importante del cuerpo social y aspirar, como mínimo, a ser motor de consciencia. Los intelectuales están menos atados que los periodistas informativos, ya que la objetividad que pretenden los limita a la parquedad, a la mecanicidad (sólo piénsese en la repetición mediática de boletines oficiales, la nota roja y la del clima).

La diferencia tajante entre el periodista y el intelectual despotricando, ya como pregonero pedestre, radica en que el discurso periodístico tiene repercusión y alcance inmediato en la sociedad, aprobado casi de antemano.

Jamás ha estado peleada la actitud intelectual y el ejercicio periodístico, por el contrario, forjan casos como Enrique Krauze, Jorge Volpi, Federico Reyes Heroles, por decir algunos ejemplos de mexicanos de renombre mundial.

Jean-Paul Sartre no fue periodista o historiador, fue filósofo y desde esa trinchera solitaria aseveró que los intelectuales son aquellas personas responsables y comprometidas con el presente que viven, que tal postura se debe observar en el mundo concreto. “un hombre no es más que la suma de sus actos”.

Así como Sartre no fue menos motor social por sólo filosofar, ningún periodista es menos agente de cambio por sólo ejercer un periodismo acrítico y mecánico. Lo ideal sería provocar la reflexión, motivar la crítica, e innovar en los ámbitos, usando nuestra mejor arma que son las letras.



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