Sé arena , y no aceite,
en la maquinaria del mundo.
Günter Eich

I.
Un nombre que aparece como bruma por la mañana en la historia del cine mexicano. Los pocos que lo hemos descubierto, actuamos como juglares para intentar mantener vivo uno de los legados más subversivos y fieles a la mexicanidad en la historia del cine nacional.
Rubén Gámez Contreras, nacido en Sonora en 1928, cuenta con una filmografía puramente experimental de seis cortometrajes de género documental, un mediometraje y tan solo un largometraje (Tequila, 1992) —Es una vergüenza presentar mi ópera prima a los 63 años- dijo entre risas a La Jornada.
El poco conocimiento que se tiene de este cineasta, se debe a su nula distribución, que para este cine, no es nada atípico.
Su primer cortometraje Magueyes (1962) se puede ver en YouTube (aquí dejo el link (https://youtu.be/ms1vuslpdVk). Una pequeña muestra de “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho” en el México de los 60. Una pieza de casi 9 minutos que nos lleva a través de una pelea de agaves, que, a la larga, puede resultarnos tan revolucionariamente familiar, que no es factible que sea una coincidencia.

II.
La fórmula secreta / Dir. Rubén Gámez / Textos de Juan Rulfo
Ustedes dirán que es pura necedad la mía, / que es un desatino lamentarse de la suerte, / y cuantimás de esta tierra pasmada / donde nos olvidó el destino. / La verdad es que cuesta trabajo / aclimatarse al hambre. / Y aunque digan que el hambre repartida entre muchos / toca a menos, / lo único cierto es que aquí todos / estamos a medio morir / y no tenemos ni siquiera / dónde caernos muertos.

Tres años después, nos sorprendió con La fórmula secreta (1965). Mediometraje de 45 minutos que llegó a darle un baño de frescura y unas cuantas cachetadas a las producciones nacionales. No porque las demás fueran malas, sino porque nos mostró un lenguaje cinematográfico nuevo, perspectivas no contempladas. Su título original fue Kokakola en la sangre y, después de ganar el primer concurso de cine experimental en México, quedó enlatada por varios años. Un reflejo sincero de los mexicanos y su rol dentro de una sociedad derrotista. Con textos del mismísimo Juan Rulfo escritos exclusivamente para la película y narrados por otro grande de la literatura: Jaime Sabines.

III.
A lo largo de un año, la escalofriante mayoría de películas que se estrenan semana con semana tienen diferentes efectos especiales, grandes estrellas del cine, aventuras épicas, famosas por su presupuesto o por sus memes, pero siempre llevándonos a lugares comunes; tierras infértiles de tanto ser quemadas y que, sin embargo, nos son cómodas y conocidas. Las cosas como son: ya casi todo lo que vemos es igual. Ante este discurso que nos limita intelectual y espiritualmente, son las voces como la de Rubén Gámez, quien murió en el 2002, las que debemos de buscar para llegar al cuestionamiento que nos convertirá en arena en la maquinaria del mundo: ¿Por qué las cosas no pueden ser diferentes? De ahí en adelante, encontraremos más preguntas que nos llevarán a un campo desconocido, que podría ser inmensamente fértil.

mautepe@gmail.com
Twitter: @mau_utp


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