Desde que vine a vivir a Hermosillo siempre me asombró la extrema indigencia que observaba por doquier. Ahora, 5 años después, la situación ha cambiado.
Hace cinco años, si caminabas en la madrugada por el centro de Hermosillo entrabas a un cuadro escabroso donde a los indigentes se les veía caminar trabajosamente al lado de las prostitutas de la calle Guerrero. Algunos tullidos pidiendo dádivas, otros inmundos dormía en banquetas y bancas; también los había histéricos e impredecibles y otros, inofensivos en sus soliloquios.
Atestigüé rápidas invasiones en la Nacameri y colonia el Apache; también los vi erigir imperios de cartón y desperdicios en la colonia San Benito (entre Guadalupe Victoria y Zacatecas), que a los pocos días eran abandonados por intervención de la policía.
¿Qué hicieron con ellos? ¿En qué consistirán las medidas que se toman para resolver los problemas con los indigentes? Me preguntaba con morbo si realizaban asepsias sociales a la manera de Brasil en 2014 por el mundial, porque en verdad a nadie le preocupa el destino de estos seres como para perder el sueño.
El problema se viene arrastrando de antaño, pero del 2016 al 2017 se ejecutó exitosamente una limpia a través de programas del DIF y operativos de la Unidad Municipal de Protección Civil para recuperar los espacios públicos y predios abandonados.
En ese lapso, estos programas de atención social concentraron y contabilizaron a la población en situación de calle para ingresarlos a centros de ayuda y dar atenciones aquí en Hermosillo; a los foráneos se les envió a sus tierras por el costo de 900 pesos por cabeza. (Sol de Hermosillo 25/08/2017). En total reenviaron a 1 389 personas. Una vez allá, no compete a nuestro municipio o Estado.
Así, el número de personas en situación de calles se redujo. En abril 2017 el DIF arrojó el censo- dudoso a mi ver - de 608 indigentes en Hermosillo. (Proyecto puente). Actualmente si caminas en la madrugada por el centro las calles lucen limpias y los ases rojos y azules de las patrullas rebotan en los muros. Claro que aún se ven mendigos pero su cantidad no escandaliza como antes.
A todo esto ¿De qué forma esta gente es un problema para la ciudadanía? Representan una amenaza que atañe a la Seguridad Pública por su comportamiento errático (se registran casos de abatidos por robo, violación y agresiones armadas). Además, su penosa existencia daña la imagen urbana- y no lo digo por mí-.
Más allá de la franca aversión, temor o lástima que se les puede tener hay que recordar que son humanos, son nuestros semejantes. Dada nuestra frialdad hay que imaginar que quizá un funesto azar nos podría llevar fácilmente a la mendicidad y entonces seríamos más comprensivos.
El origen de la situación de calle como problema social se debe a múltiples factores, como la pobreza extrema, la drogadicción, la violencia intrafamiliar, entre otros.
Habría que preocuparse por la reinserción de esta población a la sociedad como entes funcionales a partir de estrategias integrales, que incluyan algo más que brindar alimento, cobijo y techo temporal. Para acercarse a la solución, mejor sería que recibieran atención psicológica eficaz, que se les enseñara oficios, habilitara espacios laborales adecuados a sus perfiles y aptitudes.
En el mejor de los mundos posibles (en el sentido de Voltaire y no de Leibniz), aún con todos los recursos humanos y económicos, el problema no se resuelve sin la voluntad ni la disposición de cambio de los individuos; y este respecto es, por mucho, el mayor de los obstáculos.


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