En las últimas décadas, los teléfonos inteligentes han pasado a ser una de las principales partes del cuerpo humano: cabeza, tronco, extremidades y…el móvil. Muy pocos conciben la vida sin ellos.

Esta adicción es particularmente aguda en los adolescentes. Por ello, alrededor de 600 escuelas de Estados Unidos están implementado una iniciativa para mantener a los estudiantes alejados de sus teléfonos durante el horario de clases.

La solución proviene de la compañía estadounidense Yondr, fundada en 2014 por Graham Dugoni, que fabrica bolsas de neopreno para guardar los dispositivos móviles. El estuche está equipado con un microchip que sella el aparato e impide que funcione, y para volver a encenderlo se debe pasar por una máquina que lo desbloquea, muy similar a la utilizada en las tiendas para retirar las etiquetas magnéticas.

La idea de Dugoni no requiere de programas complejos de software que cortan la señal. Se trata de inhibir por un rato los deseos incontrolables de enviar mensajes, hacer fotos y dar ‘likes’.

Aunque el sistema ya se había probado con aceptación en eventos sociales y ha sido requerido por artistas como Alicia Keys o Dave Chappelle en sus espectáculos, cobró mayor relevancia desde que comenzó a utilizarse en el sistema escolar.

En San Lorenzo High School en California, por ejemplo, los estudiantes iniciaron el curso utilizando el estuche y la diferencia ha sido significativa: los problemas de disciplina y faltas de respeto han disminuido y las calificaciones han mejorado, según cuenta la directora Allison Silvestri.

Los estudiantes ahora interactúan más, conversan entre ellos y socializan en lugar de enviar mensajes de texto o navegar por la web todo el tiempo absortos en la pantalla, comenta Silvestri.

Al creador de Yondr se le ocurrió esta idea hace 6 años cuando fue testigo de una escena reveladora en un festival de música de San Francisco: un hombre bailando con mucho entusiasmo atrajo a algunas personas que comenzaron a grabarlo y subieron el video a YouTube.

El incidente le pareció simplemente inadecuado a Dugoni y comenzó a preguntarse entonces: “¿Qué grado de privacidad se puede esperar en la esfera pública?”.

De su inquietud surgió Yondr, una iniciativa que suma cada día más seguidores. En 4 años ha fabricado miles de bolsas de neopreno que se han usado en América del Norte, Europa y Australia.

Dugoni aspira a que llegará el momento en que las próximas generaciones se cohíban ante el impulso de tomar una foto y publicarla en cualquier sitio. Sólo entonces recuperaremos la privacidad y espontaneidad que los celulares nos están arrebatando.


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