Las comunidades de pepenadores que viven en los basureros; micro-ciudades con estructuras socio-económicas autónomas.

Haz memoria. ¿Qué fue lo último que tiraste a la basura? Piensa en ese objeto e imagina lo siguiente: luego de arrojarlo a su suerte dentro del cesto, ese cesto fue recogido por alguien. Ese alguien esperó a que pasara el camión recolector para tirar ahí esos desperdicios. Después de trabajar todo el día, ese camión llega a una estación de transferencia, donde los residuos se separan. De ahí, son enviados a Rellenos Sanitarios, planta de composta o tiraderos a cielo abierto. En ellos, millones de personas encuentran una fuente de trabajo y vida. Tu basura, llega hasta sus manos.

«La cultura del úsese y tírese, la falta de educación ambiental, el consumismo desmedido, los productos de mala calidad, los decesos y mudanzas. Las familias, industrias y gobiernos generan una cantidad de basura inmensa», explica Pablo Casacuevas en su serie, Tu basura es mi fortuna.

Las fotografías pertenecen a tiraderos de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y de Tampico-Madero-Altamira. Los basureros urbanos, reflexiona, siguen siendo un solo recipiente para todos los desperdicios, materiales y orgánicos. Todo acumulado, revuelto y confundido. La mayoría de los desechos se comprimen y entierran sin distinción. Una gran parte, cada vez más, se recicla —aluminio, cobre, plástico, vidrio, papel y cartón, madera—. Sólo una minúscula cantidad se reutiliza y se revalora, convirtiéndose en tesoros encontrados entre montañas de basura. Tales tesoros fueron retratados por Casacuevas a través de una mirada precisa pero sensible.

Para Garuyo, el fotógrafo narró cómo fue que logró estas fotografías. De acuerdo a lo que cuenta, fueron meses de trabajo, no sólo en sentido técnico sino humano; las personas que trabajan en estos lugares lo veían con cierta desconfianza. No comprendían por qué tendría interés en ir con su cámara a tomar fotografías.

Luego de permanecer por días enteros en el lugar, comenzó a proponerles posar para su cámara a cambio de 10 pesos y un retrato impreso. Aceptaron. Luego, ellos interpretaron que el fotógrafo no estaba interesados en retratarlos a ellos; es decir, no estaban siendo juzgados, calificados. Él les decía «si quieres, voltéate», lo que los relajaba y hacía que tuvieran una relación más natural con la cámara.

«Desperdicios que se pueden comer, revender, reutilizar, o simplemente readornar o bien, ser una cháchara más. El trabajo del recogedor, del pepenador, es tan numeroso y antiguo, que es toda una especialización separar y avistar, con una sensibilidad de "sabueso", desarrollada por años, por generaciones», precisa Casacuevas.

Es decir, se trata de seres humanos que, en sentido propio, no han decidido vivir de la basura. Sin embargo, las circunstancias les han llevado a encontrar en el pepenar, una manera digna de sobrevivir, pese a cargar con los estigmas de una sociedad profundamente prejuiciosa.

Las personas que trabajan en este lugar tienen distintos contextos: algunas viven ahí —en casas construidas por los propios desechos— otros en las cercanías pero van a trabajar todos los días, y otros más, van sólo de manera ocasional.

«Estos seres colectores son inmunes y resistentes a la mayoría de los microrganismos de la sociedad actual; han desarrollado sus defensas, muchos desde niños. Las comunidades de pepenadores que viven en los basureros son micro-ciudades con estructuras socio-económicas autónomas».

Los pepenadores, explica el fotógrafo: «tienen códigos de convivencia directos y primarios, donde cada quien gana de acuerdo a sus aptitudes; unos 300 pesos es lo mínimo que se pueden llevar en un día y siempre con la esperanza de “pegarle al gordo”, al encontrar entre los despojos la maleta con miles de pesos —historias ciertas, dicen algunos— o, por lo menos, una esclava de oro».

Pablo Casacuevas realizó estudios de cine en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM y cursó diversos talleres de fotografía, cine y video. Ha participado en diversas muestras colectivas en México, Estados Unidos, Brasil, España y Francia. Este trabajo —impreso digitalmente sobre papel metálico— fue seleccionado en la XV Bienal de Fotografía en México. Conoce la serie completa desde su página web.


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