Corre ya el mes de noviembre, entramos de lleno en el periodo de cabildeo en los partidos y en el Congreso por lo que más importa en los estados: los recursos federales.

Cada año es común ver las visitas de presidentes municipales y gobernadores con las bancadas y comisiones del Congreso en búsqueda de los votos que se necesitan para aprobar los proyectos y recursos que requieren en sus estados y ciudades.

Esto es producto de un cambio que se operó en el Mexico de los ochentas y que mucho ha cambiado de aquella época a esta y que tiene que ver más con el sistema político que con el fiscal.

En aquellos años se llegó a la conclusión de que la Federación podría auxiliarse de los estados para recaudar los impuestos federales y a cambio se convenía la participación de los estados en la famosa bolsa de recursos repartibles, y dejarían de utilizar sus facultades para cobrar los impuestos locales.

Todo esto se cerraba con la firma de los famosos CUC´s. Convenios Únicos de Coordinación, mediante los cuales la Federación y los estados acordaban como llevar recursos a las bolsas de la federación.

Se dejaban también los espacios suficientes para que ambas partes utilizaran lo no convenido para sus propias conveniencias.

Por ejemplo los estados no reportaban de inmediato su recaudación, con lo que ganaban semanas de jineteo y en consecuencia los gobernadores aumentaban sus márgenes de respuesta a las demandas de la población, y la Federación nunca aclaró cuanto era lo que podían repartirle a los estados, con lo que se ampliaba dramáticamente el margen político de maniobra del Secretario de Hacienda en turno.

Ese México ya cambió. Y el sistema es escencialmente el mismo.

Pero ahora hay quejas en los dos lados: por el lado de la Federación gritan con la voz engolada que los gobernadores y los ayuntamientos no cobran los impuestos que podrían cobrar. Y con eso no se ayudan y quieren que todo lo resuelva la Federación.

Y por otro, hay muchas voces, quizá hasta sea unánime la voz de estados y municipios que gritan que los abusos de la Federación van desde la opacidad de las bolsas de recursos repartibles, como los caprichos en la elaboración de obras con recursos federales que podrían ser mejor utilizados por necesidades más sentidas o importantes de la población.

Millonadas de pesos se han gastado por ejemplo en puentes peatonales en la carretera internacional que hasta la fecha no tienen uso. Solo por mencionar un ejemplo, pero hay muchos.

El caso es que lo que hay que cambiar es el sistema de recaudación, desde las facultades que la Federación se reservó para sí como exclusivas en un México que ya cambió, y que requiere un sistema federal con estados fuertes, no débiles ante una autoridad recaudatoria como la Secretaría de Hacienda. La autonomía de los estados y de los municipios es la representación de la dignidad de los pueblos de cada una de esas dimensiones políticas. No valen menos que la nacional, y la nacional si vale menos sin ellas.


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