Todos nos emocionamos al escuchar NUESTRA música

Puede ocurrir cuando estás solo en tu habitación con los auriculares a todo volumen o puede ocurrir cuando salimos de fiesta, a eso de las tres de la mañana, hora en la que por lo que sea estamos muy intensitos; suena de repente el temazo que nos gusta y... adiós sentido del ridículo, hola vergüenza ajena.

En fin, que nos venimos arriba de mala manera. Pues bien, ese punto de exaltación es una nimiedad respecto al que alcanzan unos pocos ultraperceptivos que sienten la música muy adentro; tanto que se les eriza el vello y se les forman nudos en la garganta cuando escuchan sus melodías favoritas.

El año pasado, el exestudiante de Harvard Matthew Sachs realizó un estudio con sujetos que sufrían escalofríos al escuchar música para ver cómo se desencadenaba este fenómeno. Analizó a 20 estudiantes, 10 de los cuales admitieron experimentar los sentimientos mencionados en relación a la música y otros 10 que no lo hicieron.

Tras escanear sus cerebros, Matthew Sachs descubrió que aquellos que tenían apego emocional y físico a la música también presentaban diferentes estructuras cerebrales, lo cual se traduce en una mayor densidad de fibras conectoras de la corteza auditiva y las áreas que procesan las emociones (con una comunicación más estrecha entre ellas).

De momento solo hay una conclusión palpable: bien por aquellos que se vienen arriba con la música, muchos hurras para quienes lo hacen también con su piel; solo ellos pueden hablarnos de la auténtica y genuina sensibilidad.


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