La honrosa medianía, esa del discurso de Benito Juarez, refiriéndose a la debida austeridad que deben mostrar y vivir la clase burocrática, en la actualidad es prácticamente inexistente en el imaginario público, aunque sea la realidad para la gran mayoría de los burócratas de nuestro país, esos de la base solamente.


El disfrute de la corrupción, se ha extendido a muchos ámbitos de la función pública, y lo que es peor, la tolerancia a la corrupción, es impensable e insospechable.


No podríamos imaginar un guión de sátira más absurdo, que uno que nos presente a personajes como Humberto Moreira, ofreciéndose como candidato a diputado en el mismo estado que desfalcó, o el caso de Hilario Ramírez Villanueva, Layín, el ex alcalde de San Blas, aquél que roba, pero poquito, presentándose como candidato independiente a la gubernatura de Nayarit.


Es como si la clase política mexicana y la justicia mexicana, nos lo restregara en la cara, diciéndonos "nos valen ..." y bueno usted termine la frase.


El cinismo no tiene límite, nuestra tolerancia como ciudadanos, también es cínica e inexplicable.


En noviembre del año pasado, el Papa Francisco pronunció un discurso con motivo del III Encuentro Mundial de Movimientos Populares, con cita en el Vaticano, quien parece explicar muy bien el caso mexicano, siendo que se dirige al mundo entero en general, dijo: "Así como la política no es un asunto de los 'políticos', la corrupción no es un vicio exclusivo de la política. Hay corrupción en la política, hay corrupción en las empresas, hay corrupción en los medios de comunicación, hay corrupción en las iglesias y también hay corrupción en las organizaciones sociales y los movimientos populares".


La tolerancia a la corrupción es inmensa en nuestro país, y no entendemos el extremo de sus efectos, los cuales los sufrimos diario. Como la rana en la olla que se calienta a fuego lento, nuestra tolerancia se va adaptando, hasta que nos cuece sin remedio.


Por eso el discurso de Benito Juárez, sobre la honrosa medianía, debe volver a nuestra vida pública, ese discurso que pronunció el 2 de julio de 1852, entonces como gobernador de Oaxaca, solo recordando un párrafo de ese discurso, el cual no tiene desperdicio: "Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas, sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado." Ni más, ni menos, lo que se requiere, y lo que tanto hace falta hoy en nuestro querido México.


El acceso a puestos de elección popular, a las secretarías, a una dirección general, a una delegación, a la dirigencia de un partido político, a puestos como el de alcoholes o administrador de una agencia fiscal, un auditor, un contralor, todos esos puestos, presuponen en la narrativa pública, algo similar a obtener el boleto del premio mayor de la lotería. Nuestra mente trastornada, así lo vislumbra, por supuesto que estoy generalizando, pero por alguna razón, aquéllos que llegan a una función de estas, los catalogamos como de esos escogidos divinos, como "los que ya la hicieron".


Es más, es tan injusta esa narrativa, que no nos explicamos, y de nuevo estoy generalizando, cómo alguien puede salir de esos puestos, tal y como entraron, eso es atípico.


Pero es importante saber qué esta pasando, para comprender cómo combatir realmente la corrupción y erradicarla.


En primer lugar, observemos los procesos electorales.


Los procesos electorales, son un despliegue incontrolable de recursos. Las leyes mexicanas, han hecho exactamente lo que no se debe hacer, crear un sistema de restricciones, para que la gran mayoría de las aportaciones queden sumergidas en el anonimato y la informalidad. Todo está prohibido, por lo que todo lo prohibido es lo que lamentablemente se hace.


La ley pide facturas, complementos hacendados, informes pormenorizados, regímenes especiales, y muchos etcéteras. El famosos fin partidista, se eleva hasta niveles de prohibir la compra de café y galletas a los partidos políticos, pero a la hora de la campaña, todo es terreno de nadie. Entonces, si se requiere tanto dinero para ganar, alguien le debe pagar a los inversionistas su inversión, y por lo general, es con creces.


Así es como funciona, ¿o alguien cree que es diferente?


El gobernante que llega, todos, absolutamente todos, en todos los nivel, llegan comprometidos a pagar su oportunidad para gobernar. Todos son todos.


En Sonora recién se han reducido en general los periodos de campaña y topes de campaña, la ley sigue, como antes, estableciendo que los recursos públicos deben prevalecer a los privados, aunque eso es técnicamente imposible, las sumas no dan. Aun así, nos quedamos cortos. Las campañas son muy caras, los apostadores importantes quedan en el anonimato, y si los quiere conocer, no los busque en las listas de aportadores de campaña, sino en las listas de agraciados por los contratos públicos, de compras, licitaciones, y demás. Cinismo puro.


Por otro lado, también observemos lo que estamos haciendo en el mal llamado sistema nacional y estatales anticorrupción.


Se está creando, literalmente, la nueva santa inquisición, una clase de funcionarios públicos elevados a la divinidad, que destruirán carreras políticas a merced y protegerán otras.


Con ese espantapájaros, siempre acechando, no lo mal habido, sino los errores, las letras chiquitas, estamos introduciendo un gobierno menos práctico, lento, asustado, y que buscará acumular riqueza, porque será necesario, sin menos pensarlo, pagar abogados y fianzas, si la cacería de brujas se empina contra su suerte.


El sistema político mexicano, se hace corrupto, no sólo por cultura, sino por diseño.


En vez de simplificar y transparentar la función pública, la hacemos muy complicada, creando el sistema de los astutos, en vez del sistema de los honrados.


Creo realmente que vamos en un camino equivocado, un camino que no incentiva al honesto, un camino que complica la función pública, un camino que encarece la función pública.


La solución es más sencilla, pero por sencilla, no es fácil, por lo que concluiré esta participación con palabras del Papa Francisco, que creo que explican mejor, el comportamiento que da la solución requerida a los problemas que tenemos, palabras que pronunció en el mismo discurso que ya hice referencia:


"A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón y rece para que Dios lo libere de estas ataduras", y continuó parafraseando a José Mujica "el que tenga afición por todas esas cosas, por favor, que no se meta en política, que no se meta en una organización social o en un movimiento popular, porque va a hacer mucho daño a sí mismo y al prójimo y va a manchar la noble causa que enarbola"


Exactamente lo que nos ocurre con nuestros políticos que les gusta la buena vida, finalizó pidiendo el Papa: "Frente a la tentación de la corrupción, no hay mejor antídoto que la austeridad; y practicar la austeridad es, además, predicar con el ejemplo. Les pido que no subestimen el valor del ejemplo porque tiene más fuerza que mil palabras, que mil volantes, que mil likes, que mil retuits, que mil videos de YouTube".


Austeridad y ejemplo, simple pero muy complicado,


Muchas gracias,



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