En innumerables ocasiones todos hemos escuchado que en los asuntos públicos como en los privados la ponderación y el encontrar el justo medio es lo recomendable. La visión equilibrada de las cosas es casi siempre la mejor aceptada.

Con frecuencia entramos en ciclos de opinión pública que pretenden inclinar las posiciones hacia un lado o hacia el otro. Sea para tomar una posición partidista, ética, social, política, técnica, o de un tema que concierne a pocos o a otros. Pero estos ciclos tienen un impacto a nivel de ambiente, es decir del muy corto plazo, que en estos tiempos ya no se mide en semanas o días, el corto plazo de las redes sociales es de minutos.

En los asuntos de interés público una visión equilibrada de las cosas puede y debe dar buenos resultados. Pero no siempre es bien recibida por la opinión pública de inicio, porque se dan en momentos en que precisamente debido a esos ciclos, se está estimulando más lo que se siente que lo que sucede.

Pienso que muchas veces la sensación es más fuerte que la razón.

De eso se llenan los tiempos electorales. Todos los partidos hacen o diseñan sus tácticas y estrategia considerando elementos emotivos y racionales, según sea el interés de cada uno.

Pero lo importante es que las decisiones en que se involucra el futuro de todos, como es el caso del medio ambiente, de la salud, de la educación y algunos otros, los elementos que se consideren vayan acompañados del equilibrio.

Porque sucede que lo equilibrado tiende a ser plano, y para algunos hasta aburrido. En cambio, las decisiones que son arrojadas, y polarizantes son muy atendidas por la opinión pública, con lo que se generan esas ventas de imagen que duran solo lo que dura el dinero que las promueve. Porque normalmente no llegan a ninguna parte y dejan en algunos círculos de la sociedad la sensación de que no se atendió tal o cual asunto.

Lo desequilibrado, lo polarizante, es muy entretenido en las campañas comerciales o políticas, porque el efecto propagandístico es así. Pero a la hora de tomar decisiones ya al frente de una empresa, de un negocio o de un gobierno las cosas son distintas, si se tiene responsabilidad.

Hasta para hacer cambios a profundidad se deben seguir rutas equilibradas, más cercanas a lo profesional, a lo responsable, y más alejadas de las sensaciones y las emociones de los precipicios, que no son iguales en las películas que en la realidad.

Miremos el caso de los Estados Unidos, llegó a la presidencia de ese país una persona que siguió conduciéndose y declarando como si siguiera en los ciclos de las campañas y se alejó de los equilibrios que requieren las decisiones de los gobiernos.

El resultado no es el deseado para un gobierno ni para una sociedad.

El corto y el largo plazo no tienen la misma dimensión y profundidad cuando buscas vender que cuando estas construyendo.

Los gobiernos más equilibrados quizá sean los más planos, hasta aburridos, pero son los más eficaces.


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